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" Visita al Somontano " CRÓNICA DE LA SALIDA AL SOMONTANO Esta es la primera salida que organizo y creo que el llevar varios años en el grupo antes de decidirme a hacerlo creo que me ha dado cierta ventaja pues, pese a cometer novatadas, éstas no han sido muy graves, creo. Tal vez debí limitar la salida a 20 personas para que nadie durmiese en sofá-cama, pero eso lo deberán sopesar los sufridores: dormir en una cama chachipiruli en casa o intentar hacerlo en el potro de tortura pasando los días en nuestra compañía....... eso lo dejo a los sufridores, pero que lo digan para saber qué hacer si vuelve a ocurrir algo parecido en una salida posterior Paso ya a hacer una pequeña crónica del evento.
Sin grandes contratiempos que comentar a parte del mucho tráfico de camiones por la autovía que cortaba mucho el ritmo y, sobretodo, el viento lateral que nos sacudía en cada recta por la zona de Lérida y que nos hacía incómoda la conducción, llegamos al punto de encuentro con Isidoro en la gasolinera de El Grado. Una vez repostamos, salimos dirección a Humo de Muro donde descansaríamos, unos más que otros como descubrimos al día siguiente. Llegamos al valle de La Fueva en el mejor momento, cuando estaba atardeciendo, y el juego de luces nos brindó una bellísima imagen del entorno. Una vista inolvidable. Tras acomodarnos en nuestros cubículos, fuimos a tomar algo mientras venían los del segundo grupo, que llegaron justo cuando estaba previsto para que se pudiesen organizar
y nos dispusimos a cenar a una hora prudente, las 22h. Luego cada cuál ya se fue a dormir a la hora que quiso, aunque no muy tarde que el día siguiente despuntaba tempranito y había que madrugar.
El sábado, tras un ligero desayuno, salimos todos en dirección a Salas Bajas, donde estaban las Bodegas de Viñas del Vero, que fuimos a visitar. Bueno, realmente visitamos una, la de Blecua, que es más tradicional (y bastante más cara, todo hay que decirlo: 60 euros la botella es lo suyo) y más cuca que las más modernas de Viñas del Vero. Aprendimos cosas (como que los rosales no son sólo ornamentales) y vimos qué se hacía para elaborar el mejor (y único) vino de la bodega. Cuando menos interesante.
Salimos de la bodega más tarde de lo que tenía previsto (no conté con que tardaríamos tanto en la tienda, es lo que tiene ser novato), con lo que eliminé de la lista la ruta que tenía prevista para llegar al restaurante 3 caminos, en El Grado, en pro de comer tranquilamente y llegar a Torreciudad con el tiempo suficiente de ver el emplazamiento del monasterio, que es mu bonico
la comida muy de la zona: abundante en sabor y mucho pero que mucho más aún en cantidad. Nos pusimos tibios.
La visita al monasterio......... pues como siempre, unos que se perdían por aquí, otros por allá, otros seguíamos al guía,........ Personalmente siempre he estado con el primer grupo, pero aguanté firme y seguí las indicaciones del navarro que nos llevaba por las capillas del interior. Una vez acabada la visita, metimos las motos en la plaza del monasterio para que las bendijeran y de paso hacernos unas fotos allí.
Tras las fotos, salimos ya dirección Aínsa a tomar algo y que los que no habían estado por allí viesen el pueblo, pero creo que el clima favorecía estar en la terraza con la cerveza que paseando por las calles, la verdad. Como inciso, decir que la bendición surtió efecto y Ramón y Mar encontraron la carcasa del visor de la cámara en perfecto estado en mitad de la carretera, lo cuál no sé si es un milagro, pero sí es tener mucha suerte.
Tras degustar la cerveza de Aínsa (o cocacola o lo que cada cual tomase), nos fuimos a Formigales, pueblo donde pasamos grandes momentos de nuestra juventud varios de allí presentes. Allí estuvimos charlando un poco con los tíos de Mito (de los pocos que aún residen allí) y luego nos fuimos de nuevo al hostal a relajarnos antes de cenar y acostarnos.
Muchas gracias a los asistentes por vuestra paciencia y saber estar. Me lo pusisteis muy fácil a la hora de organizar los tempos de la salida. Siento ciertos inconvenientes que se solventarán en sucesivas salidas y agradecer a Eloy sus consejos a la hora de organizar la salida y por recordarme de vez en cuando que el organizador era yo (qué puedo decir, se me iba la pinza cascando y no me acordaba de la hora que era J).
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