Penitencia 2006
Montserrat
11 de Junio

Oremos.

Levantemos el corazón, pero no tan temprano, ¡coño!

Menudos caretos tenían los penitentes cuando se encontraron a las 08:00 en la Plaza de España. Bueno, y los que ni se encontraron, ¡despistaos!

Siguiendo un estricto orden (o sea, a su puta bola) los penitentes se dirigieron a la estación para, tras descifrar el "codigo da vinci" de la máquina dispensadora, proceder discretamente ¡JA! a ocupar asiento en el ferrocarril.

Que extraña sensación para los pobres penitentes acostumbrados a discurrir por la carretera en sus monturas y en silencio, dejarse llevar plácidamente mientras se conversaba, bostezaba u observaba a ver cual tenía más cara de sueño.

Ya en Monistrol nos encontramos con algunos de los que no procedían de Barcelona y cuya penitencia en algún caso fue mayor, aunque los demás nos esforzamos por aliviar sus diabólicas y diminutas cargas.

 

La verdad es que los diablillos, Marta y Gerard se portaron muy bien.

Y llegó el momento de la verdad, pobres infelices.

El calvario

Para unos moteros y en especial para los moteros "cargols", el trayecto hasta la Santa Cova se convirtió en un suplicio, pero había que cumplir con nuestra penitencia para así alejar nuestra desgracia y rogar a nuestra Virgen de Montserrat.

Rogamos por Motonautas, por todos los miembros ( en especial eso, por ellos ;-)) y para que se repongan pronto aquellos que aún están sufriendo. También rogamos por la paz en el mundo, etc, etc.

 

Fue curioso la cantidad de cascos que se encontraban en el recinto de la Santa Cova.
Tal vez sería bueno que muchos lo vieran y se percataran de que el casco te puede salvar la vida.

El retorno de la Cova fue durillo aunque algunos disfrutaron de las maravillosas vistas que desde allí había.

Y tras el esfuerzo fuimos de nuevo en orden ( o sea, cada uno a su puta bola) a escuchar el Virolai. Estaba a rebosar y solo unos pocos pudimos escucharlo. Precioso.

Y por fin el momento culminante, encender la vela a la Virgen y rezar una plegaria.

 

Oremos.

Y allí pareció acabar la penitencia y llegó el momento satánico. Las mujeres se fueron de tiendas, los hombres a buscar una mala sombra… y llegaron los despistaos ¡!!

Y pecamos.

Cuando llega el momento de comer se nos transforma el alma. Ni penitencia ni nada.

 

 

 

Y del retorno poco que contar, salvo la vergüenza que pasó Cristina (se puso como la selección, granate) cuando todo el cremallera se puso a cantar el cumpleaños feliz para ella. O lo relajado que se quedó David en el tren (como dormía el tío).

En fin, un fantástico día, digo, un día para rememorar por su espiritualidad y el recogimiento de que fuimos capaces para elevar nuestros corazones al Señor y rogar por todos vosotros, almas pecadoras.

La paz sea con vosotros.

Cronista: Culdesac
Fotos....: Culdesac, Boxerman, McEloy

 



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