Visita a Miravet
25 de Noviembre del 2006


…Y a la hora prevista y en el punto indicado, aparecieron ellos, los caballer@s templarios, enfundados en su yelmo y portando brioso corcel. Provenían de Barcino unos y de Tarraco otros pero con un objetivo común, la conquista de un castillo que se encontraba por allende las tierras fértiles del Ebro. Habían perdido el juicio, una leyenda les empujaba sin remedio a la búsqueda de un tesoro. Sabían que en algún lugar remoto, entre aquellos muros de piedra se encontraba el tan deseado Santo Grial .


Diez cabalgaduras, 18 aguerridos hombres y mujeres que se dirigieron sin tardanza a repostar las panzas en un lugar de la ruta , pues tan arduo objetivo bien lo merecía.
Partieron tras el ágape habiendo calentado los gaznates con la música del dulce porrón que emanaba un extraño líquido color miel y que daba a los templari@s energías renovadas para su conquista.


Tras un fiero galopar y bajo un cielo gris y nuboso llegaron a su destino, no sin antes abrevar a la magnífica caballería (bueno, la de Eloy el martes) Y allí se alzaba, vertical sobre su imperturbable roca roja, majestuoso y sobreviviente al paso del tiempo, sobrecogedor bajo el cielo encapotado y testigo de la historia, el castillo de Miravet.
Pero, ¿realmente se escondía allí el ansiado tesoro?. Sólo una barrera les separaba de
su secreta misión, el río. Por fortuna franqueable gracias al maestro aguador que por 2 módicas monedas les ayudó en su empeño.


Una subida tortuosa era el último esfuerzo que debían realizar para llegar a su destino y por fin llenos de excitación se dispusieron a realizar su misión .
Pero cual no sería su sorpresa cuando ante su mirada perpleja una enrejada puerta impedía su entrada y al no disponer de ariete ni máquinas de guerra recularon sus monturas. Cuenta la historia que desde ese mismo instante los caballer@s templarios no cejan en su empeño por encontrar el Santo Grial.
Decepcionados partieron hacia Benifallet, un pueblo cercano con el objetivo de yantar, cosa que consiguieron gracias a la amabilidad y buen hacer de los posaderos del lugar.


Con las panzas llenas regresaron a sus moradas pues la noche se echaba encima y el camino era largo aunque todos ellos llevaban en su mente la ilusión por encontrarse nuevamente para juntos conquistar nuevos castillos, librar otras batallas o simplemente cabalgar y yantar.

Gracias a tod@s.


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